"No quiero ni mirarme al espejo"

Claves para aceptar tu imagen

Aceptar tu cuerpo puede resultar una de las tareas más complejas de llevar a cabo si no lo trabajas en la dirección adecuada.

Son muchos los motivos por los que podemos vivir a disgusto con nuestra imagen y sea cual sea el motivo, es una verdad universal que, cuando no nos sentimos a gusto con nuestro físico, sufrimos, y no solo sufrimos por nuestra propia evaluación sobre él, sino que también sufrimos por la evaluación que hacen -o mejor dicho- pensamos que hacen, los demás.

Una de las primeras claves para aceptar tu cuerpo es comprender que existen dos tipos de evaluaciones: la tuya (autoconcepto) y la de los demás (imagen en sociedad) y ambas deben trabajarse por igual.

Tu evaluación

Muchas personas y también profesionales recomiendan decirse cosas bonitas delante del espejo para aceptar nuestro físico, pero déjame decirte que este ejercicio puede ser contraproducente para algunas (muchas) personas. Si decides ponerlo en práctica y lo que sientes es que estás tratando de autoengañarte, esta opción no es para ti.

Lo que ocurre es que el verdadero cambio no se realiza forzando situaciones, el verdadero cambio puede tardar en llegar años y se realiza desde un lugar mucho más profundo: el plano emocional.

La aceptación de tu físico empieza por conectar de forma sincera contigo mismx. Una vez logres la aceptación sincera, lograrás cambiar la visión que tienes de tu envoltorio.

Reflexiona: ¿Lo que haces/piensas te acerca o te aleja de tu aceptación?, ¿te focalizas en lo que no te gusta?, ¿estás trabajando tu autoestima?
 

La evaluación de los demás 

Cuando creemos saber qué es lo que opinan los demás sobre nosotros, estamos actuando como si fuéramos capaces de leer mentes, cuando en realidad, se nos olvida que todos y cada uno de los pensamientos que les otorgamos a los demás, son en realidad nuestra propia opinión. Este hecho se llama en la psicología proyección y es considerado un mecanismo de defensa que nos ayuda a distanciarnos de los pensamientos negativos que, en este caso, tenemos con respecto a nuestro cuerpo. 

Además, la opinión que creemos que tienen los demás sobre nuestro físico, siempre lleva asociado un pensamiento de carácter emocional, que es lo que verdaderamente nos hace daño. 

Veamos un par de ejemplos:

  • David (26 años) tiene sobrepeso desde la adolescencia, lleva años probando dietas y rutinas de ejercicio. A lo largo de las sesiones, trabajamos su aceptación y David se da cuenta de lo siguiente:
    • Me llamo GORDO a mí mismo – Creo que la gente al verme piensa que SOY UN GORDO – Piensan de mí que no soy capaz ni de cerrar la boca– No soy una persona válida.
  • Amaya (38 años) sufrió un accidente a los 30 años y tuvieron que amputarle una pierna a la altura del muslo. Trabajando su aceptación descubrimos que:
    • Me miro al espejo y solo veo la pierna que no tengo – La gente al verme solo le interesa mi pierna ortopédica – “pobrecita” piensan – Se compadecen de mí – Soy débil.

Para David, a ojos de los demás, su sobrepeso es sinónimo de no ser capaz y para Amaya, haber sufrido un episodio traumático la convierte en débil. 

En realidad, estos juicios no los están haciendo los demás, sino que son pensamientos irracionales de David y Amaya con respecto a su físico. Ellos se sienten así o sienten miedo de llegar a sentirse así, pero son pensamientos tan dolorosos, que para evitar sentirlos de una manera muy intensa lo que hacen es proyectarlos en otras personas y así consiguen que, desde la distancia, no les hagan tanto daño.

Es importante que encuentres estos pensamientos más profundos para poder trabajar tu aceptación.

Reflexiona: ¿Qué importancia le das a lo que opinan los demás sobre tu imagen?, ¿lo que piensas sobre tu físico, es lo mismo que lo que crees que piensan los demás?, ¿te has parado a reflexionar sobre los pensamientos que asocias a tu imagen?


El camino hacia la aceptación

Como ya he comentado, la aceptación puede llevarte años, es un trabajo diario lleno de altibajos, de días en los que el espejo será tu peor enemigo y días en los que te parecerá que te has reconciliado con él para siempre. 

Existen unas fases que describen, a grandes rasgos, el camino que hay que recorrer hasta llegar a la aceptación, son las siguientes:

  • Negación: en esta primera etapa se evita el contacto visual y/o físico de aquello que no nos gusta de nuestro físico. Hay poca conciencia de la necesidad de trabajar lo que nos ocurre, ya que la evitación (conductual y emocional) nos lo impide y desviamos la atención a otras cosas.
  • Negociación: vamos probando a días la reconciliación con nuestro cuerpo, pero los altibajos son demasiado frecuentes. Queremos conseguir la aceptación mediante agentes externos y seguimos sin éxito.
  • Relativización: le restamos importancia a aquello que no nos gusta, empezamos a utilizar frases como “pues en realidad mi nariz no es tan fea”, “puede que me sobren unos kilos, pero tampoco estoy tan mal”, “me quedó una cicatriz muy grande, pero estoy vivx para contarlo”.
  • Confianza: la relativización da paso a la confianza de que estamos aprendiendo a convivir con lo que no nos gusta y que poco a poco conseguiremos la aceptación. El sufrimiento ha pasado a ser una molestia y tenemos la capacidad de enfrentarnos al espejo y a los demás, con cierto respeto.
  • Aceptación: Vemos nuestro cuerpo como un conjunto y no nos detenemos a observar y analizar en negativo. Mostramos sin temor nuestro físico y no tratamos de “adivinar” lo que estarán pensando los demás sobre él porque nosotrxs mismos ya no nos juzgamos. No hay sufrimiento ni molestia, sino una sensación de liberación y amor hacia nosotrxs.

¿Qué es lo que puedes trabajar a un nivel profundo desde hoy mismo?

  • Vigila las cosas que te dices sobre tu imagen.
  • Ponte límites y pon límites a los demás si es necesario.
  • Evita los juicios y las comparaciones.
  • Reconoce los pensamientos irracionales.
  • Trata de no magnificar y relativiza.
  • Empieza a dudar de que los demás piensan lo mismo de ti.
  • Reflexiona sobre tu idea de belleza.
  • Controla tus hábitos.
  • Potencia tus cualidades (no solo las físicas).

La lista podría ser mucho más extensa y específica si analizáramos tu caso en concreto. En un proceso psicoterapéutico podríamos realizar un análisis mucho más profundo y por lo tanto, trabajar muchos más aspectos, como por ejemplo, condicionamientos de situaciones pasadas, pensamientos irracionales, autosabotaje... etc.

Como decía al principio del artículo, aceptarse no es una tarea fácil. Por este motivo, si llevas tiempo sufriendo, quizás deberías plantearte pedir ayuda a un profesional.

Como experta en aceptación de autoimagen, puedo ayudarte a conseguir tu objetivo. Ponte en contacto conmigo y realizaremos una primera valoración conjunta de forma gratuita.

“Tu cuerpo no es lo que eres, es solo el envoltorio de lo que eres”

Marta Aguado

Colegiada 19934