Marta Aguado

Psicóloga General Sanitaria. 
Colegiada 19.934 en el Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña.

Licenciada en Psicología por la Universidad de Barcelona.

Especializada en Psicología Clínica y Psicoterapia.

Máster en Psicología Clínica y de la Salud por el Instituto Superior de Estudios Psicológicos.

Posgrado en Psicoterapia por el Institut Mensalus.

Miembro de la división de Psicología Clínica y de la Salud del Colegio Oficial de Psicólogos de Cataluña.

Curso de Experto en trauma y duelo complicado. 

Tras acabar los 4 años de mi licenciatura en Psicología en 2011, continué mi formación profesional realizando un máster en Psicología clínica y de la salud y un Posgrado en Psicoterapia.

He realizado formación desde diversas orientaciones psicológicas (cognitivo conductual, psicología positiva, Gestalt, humanista...etc) este hecho hace que tenga un amplio abanico de herramientas para poner en práctica en mis sesiones, en función del motivo por el que se acude a terapia y el estilo de personalidad del paciente. 

Pero detrás de esta descripción de mi perfil profesional, soy madre, hija, hermana, pareja, amiga, compañera de proyectos... y una entusiasta nata.

Mi historia empieza hace 33 años en Barcelona, en el seno de una familia humilde y trabajadora.

Desde muy pequeña sabía que quería dedicarme a una profesión sanitaria, me gustaba escuchar qué le sucedía a la gente, me intrigaba por todo, incluso por las cosas que a priori parecen más sencillas. Tenía la necesidad de que me explicaran todo lo que pasaba en el mundo de los adultos, de entenderlo todo. Me intrigaba saber por qué algunas personas tenían tantos problemas y otras tenían tanta suerte en la vida, porqué había gente que vivía triste y gente que, a pesar de que le sucedían cosas difíciles de sobrellevar, vivían en el optimismo.

Crecí rodeada de amor y sensibilidad desbordante, cosa que ha hecho desarrollar mi sensibilidad a niveles estratosféricos. Convivir con una alta sensibilidad, puede causar mucha ansiedad, estrés o depresión, si no se sabe gestionar bien. Las emociones, tanto agradables como desagradables, te desbordan y, a pesar de que es muy bonita la vida desde una alta sensibilidad cuando las cosas van bien, hay que hacer un doble esfuerzo emocional cuando tocan afrontar situaciones difíciles.

Antes de plantearme seriamente estudiar Psicología, mi vida se truncó. Cuando tenía 16 años recién cumplidos, sufrí un hecho traumático que me dejó graves quemaduras. Estuve ingresada, aislada, durante meses, mientras me sometía a las operaciones necesarias. Veía a mi familia y amigos a través de un cristal. Me sometí a casi una treintena de operaciones y tuve que volver a aprender a cómo llevar a cabo las tareas más cotidianas, como andar, escribir o comer.

Tras este suceso y debido a mi estilo de personalidad tan sensible, sufrí ansiedad y depresión, englobadas en lo que los psicólogos llamamos Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT); es trastorno que desarrollan algunas personas (no todas) tras una experiencia traumática, no necesariamente dolorosa, como puede ser un accidente o la pérdida de un ser querido. Yo tenía todos los síntomas más comunes; pesadillas, evitación de lugares o de pensamientos, vivía en constante hipervigilancia, me sentía tensa, no podía dormir, no podía concentrarme con nada y tenía un gran sentimiento de culpa.

Fui diagnosticada y fui aprendiendo de mi trastorno, hasta el punto de llegar a comprender su función. Tenía dos opciones o vivía sin superar lo que me había tocado vivir y sus consecuencias, o aprendía a valorar las funciones que cumplían en mí todos esos síntomas del TEPT. Así pues, aprendí que necesitaba dejar de huir, necesitaba encarar el problema de frente. Tomé la determinación de que no podía seguir así e inicié psicoterapia. 2 años tardé en recuperarme, pero gracias a la psicoterapia cambié mi manera de relacionarme con el mundo y conmigo misma. Fue ahí, en el preciso momento en el que sentí liberarme de mi TEPT, mi ansiedad y mi depresión, cuando supe que quería ser Psicóloga.

Con el tiempo comprendí, que aquellas personas a las que yo veía de niña con una sonrisa a pesar de sus duras vivencias y que consideraba "con suerte", en realidad son personas con un mayor autoconocimiento, una mayor capacidad de gestión y gestión de sus emociones y que saben vivir en el presente. Comprendí que no se trata de suerte, sino de trabajo personal y del tipo de mensajes que nos lanzamos a nosotros mismos sobre los hechos que nos ocurren.

Ya lo decía John Maxwel,

"La vida es un 10% lo que nos pasa y un 90% cómo reaccionamos ante ello". 

Las emociones nos indican, sin palabras, nuestras necesidades. Sólo si sabemos comprenderlas y gestionarlas, podremos encontrar la solución o mejora a lo que nos ocurre.

Marta Aguado